Siempre he sido una persona muy sensitiva, intensa, de emociones extremas…

 

Cuando era pequeña, me costaba ubicar mi sitio. Las cosas me afectaban más que a otros, lloraba con más frecuencia que otros, tenía rabietas más explosivas que otros. La ropa era un conflicto constante. Todo me picaba, me molestaban las etiquetas, algunos tejidos me daban hasta reacción. De adolescente me sentía en un constante torbellino emocional. Entraba en constantes discusiones y estaba o muy muy bien o estaba muy muy mal.

 

Y seguía sin encontrar mi sitio. Sin encontrarme a mi misma. Sin aceptarme.

 

¿Y por qué no me aceptaba?

 

Porque sentía que no me aceptaban los demás. Me sentía incomprendida, nadie paró un momento y trató de ponerse en mi lugar.

 

Era como la pescadilla que se muerde la cola: yo sentía demasiado, eso no era aceptado por mi entorno, yo seguía sintiendo demasiado, pero acabó por no ser aceptado por mi misma.

 

La consecuencia fue que empecé a ocultar mis emociones (aunque no siempre lo conseguía). Veía como algo negativo llorar, así que lo hacía a escondidas. No podía discutir, así que dejaba que la rabia se quedara dentro.

 

No me malinterpretes, mi infancia fue muy bonita, mis padres son maravillosos, por supuesto.

 

Pero no todo en la infancia de un niño PAS suele ser fácil y sencillo viviendo en una sociedad que ha sido diseñado para personas no PAS, una sociedad en la que la educación emocional ha brillado por su ausencia, en la que las rabietas eran un mal comportamiento, en la que las discusiones se zanjaban de golpe por mandato adulto.

 

Siendo adulta PAS, aún tengo emociones “negativas” enquistadas y enterradas, que por supuesto siguen influenciándome a día de hoy.  Son sentimientos y emociones que no he sabido gestionar, que no han sido acompañadas durante mi infancia, y que están relacionadas con vivencias que no he llegado a comprender o aceptar. Y esas emociones son muchas veces las causantes de no sentirnos libres, plenas. Y las causantes de una más que probable baja autoestima.

 

Esto ha sido así hasta que descubrí que mi hijo Pablo es un niño altamente sensible. Os lo contaba en el anterior artículo, que puedes leer aquí. 

 

Gracias a Pablo descubrí que yo misma era PAS, y en ese momento, entendí muchas cosas de mi misma que hasta ahora no tenían un lugar asignado. Me ha llevado mucho tiempo y esfuerzo sanar heridas de la infancia que habían quedado enterradas bajo muchas capas, y hoy sigo trabajando en ello.

 

Y todo, gracias a Pablo.

 

Descubrir que mi hijo es PAS, y que yo también lo soy (aunque mucho menos que él), ha sido uno de los aprendizajes más importantes que he hecho desde que soy madre.

 

¡No os podéis imaginar todo lo que me ha enseñado Pablo!

 

Y ahora, gracias a él, me veo otra vez como una niña pequeña, en un proceso de autoconocimiento y desarrollo personal ilimitado.

 

Más allá de todo esto, que oye, de vez en cuando viene bien hablar de una misma, el motivo de este artículo es otro.

 

El descubrir que soy PAS y que mi hijo también lo es, me ha hecho darme cuenta de los errores que mis padres cometieron, y los errores que la sociedad en general comete con las personas altamente sensibles. La sensibilidad es una cualidad que a menudo se entiende mal y con frecuencia es juzgada, y es la cualidad que más caracteriza a un PAS, así que imagínate…

 

 

 

Por eso, hoy quiero contarte 5 cosas que jamás debes decirle a tu hijo PAS, o a una madre o padre de un niño PAS, para evitar que cometas los mismos errores que tal vez, si tu también eres PAS, cometieron contigo:

 

1. Deja de llorar por todo, no es para tanto.  

Decirles “no es para tanto” cuando nos cuentan algo que ellos sienten o viven como un drama es un gran error, y muy habitual además. Los niños PAS efectivamente pueden llorar más, pueden sentir más, y puede resultarnos desmedido a ojos adultos. Pero nosotros desde fuera no podemos medir su nivel de tristeza, frustración o decepción ante lo que sea que le ha ocurrido, además de que nuestra percepción de un mismo hecho es muy distinta (ya sólo por ser adultos y más racionales vemos las cosas desde otra óptica).

2. Te está manipulando.

Cuando un niño expresa una necesidad no está manipulando. Es más, se siente vulnerable y sólo quiere volver a sentir seguridad. Los niños PAS expresan sus sentimientos con más fuerza que los niños menos sensibles. Estos niños, a menudo requieren más atención para poder satisfacer sus necesidades emocionales, pero esto no significa que te esté manipulando.

 

3. Sólo lo hace para llamar tu atención.

Al hilo de lo anterior, pues sí, seguramente tu hijo está llamando tu atención. Y si es PAS, más todavía. Las llamadas de atención de los niños siempre se han visto como un signo de debilidad que hay que corregir. Sin embargo, si un niño está llamando tu atención, es porque realmente NECESITA tu atención. En vez de juzgar estas llamadas, para y analiza si realmente, si de verdad, tu presencia no es la que el pequeño necesita. Y dásela. El cariño, el contacto, la presencia, la mirada… son necesidades primarias y legítimas de los niños, y no hay una cantidad exacta. Cada niño necesita la que necesita, ni más ni menos, ni mucho ni poco.

 

4. Este niño necesita frustrarse para entender lo que es la vida.

Si, en la vida hay frustraciones. Y si tenemos en cuenta que un PAS suele tener una baja tolerancia a la frustración, tenemos un cocktail difícil de manejar. Eso sí, frustra de forma intencionada a los niños PAS “para que aprendan” te aseguro que no es la mejor manera de que nuestros hijos aprendan a tolerar la frustración. Al contrario, convertirá su mundo en un lugar hostil, y puede incluso provocar un rechazo a cualquier reto, por miedo a sentir y experimentar un fracaso.

 

5. Este niño es demasiado emocional.

Los PAS a menudo experimentan emociones más intensamente que otras personas, y lo mismo ocurre con los niños. Como te contaba en este artículo, las personas altamente sensibles procesan las cosas a un nivel mucho más profundo, son más intuitivos y pueden expresar sus emociones de manera más intensa. Las emociones no son ni buenas ni malas, todas son necesarias y legítimas, y en nuestra mano está enseñarles a gestionarlas, en lugar de taparlas, ignorarlas o anularlas.

 

En su lugar, te propongo estas claves para que tu hijo PAS se desarrolle de manera sana y feliz, sobre todo a nivel emocional.

 

Claves para acompañar a nuestro hijo PAS

 

1. La alta sensibilidad es un regalo.

Ver a tu hijo sentir y emocionarse de esa forma es en realidad un regalo. Siéntate con tu hijo, disfruta de su juego y “sus reglas”, experimenta su creatividad, su entusiasmo. Mira el mundo a través de sus ojos y te aseguro que verás el mundo de otra manera.

 

2. Potencia sus fortalezas.

Esto tanto para niños PAS como no PAS, en vez de centrarnos en sus debilidades (como viene siendo habitual), céntrate en sus fortalezas y poténcialas.

 

3. Evita el conflicto

Una retirada a tiempo es una victoria. Los niños PAS responden mejor cuando no hay conflicto de por medio. Sé tu el ejemplo de autocontrol, acompaña sin juzgar, valida sus emociones y respeta sus necesidades. Es necesario que como padres de un niño altamente sensible comprendas qué es lo que desencadena un estallido o sobrecarga emocional en tu hijo, como  las multitudes, los gritos o las situaciones estresantes para poder evitarlas, a la vez que le vas dando herramientas para que cuando se sientan abrumados puedan hacer frente  a la situación (como con ejercicios de respiración, un abrazo, contar hasta 10…). En la mayoría de los casos cuando los niños empiezan a mostrar los primeros síntomas de estar sobre-estimulados una retirada a tiempo puede hacer que el volcán no entre en erupción.

 

4. Acepta a tu hijo y conecta con él.

Puede que no sepas de qué va esto de la alta sensibilidad y estés intentando “endurecer” a tu hijo, que no sea tan sensible, que se comporte más como “debe ser”. Pero eso no se puede hacer. Su naturaleza es la que es (y además recuerda que tiene un componente genético). En su lugar, mira a tu hijo como realmente es, conecta con su sensibilidad, su mayor empatía, su gran creatividad.

Puedes crea un rincón de la calma donde relajarse (y relajaros todos), establecer límites adecuados, pocos y coherentes, y siempre desde el respeto, la empatía, la confianza y la asertividad, valida y acompaña sus emociones, sean positivas o negativas. Recuérdale que todas son importantes, y que tú estarás ahí para ayudarlo siempre que lo necesite. De esa forma, tu hijo aprenderá a gestionar sus emociones.

 

5. Acompaña su frustración. 

No sobreprotejas a tu hijo PAS, intentando manejar su frustración o evitarla incluso, y en su lugar, guiale para que sea él mismo quien pueda gestionarla, y dale herramientas para lograrlo. A veces, aunque pongamos todo de nuestra parte, nuestros hijos van a explotar igual, y la realidad es que tiene todo el derecho del mundo a hacerlo (aunque a nosotros pueda haber momentos que nos supere, porque no es una ni dos rabietas, sino que ya has perdido la cuenta).  La buena noticia es que todo pasa, y si acompañas esta frustración, validas sus sentimientos y emociones y conectas con tu hijo, te aseguro que llegará el día que incluso, recuerdes las rabietas con una sonrisa.

 

Espero que este artículo te ayude a guiar a tu hijo PAS, y que si tu también lo eres, aprendas a conocerte, a quererte y aceptarte, sabiendo que la alta sensibilidad es un regalo. 

 

¿Y tú? ¿tienes un hij@ PAS? ¿Tú misma eres PAS? ¿Cuál ha sido tu vivencia?

¡Te leo en comentarios!

 

Con cariño,

Laura

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