¿Cuántas veces te has visto pensando “así no podemos seguir, tenemos que hacer algo”?

 

Necesitas que tu hijo recoja su habitación, que vaya a la ducha sin quejarse, que madure de una vez y deje de tener rabietas, que sea más obediente…

 

Es muy habitual que los padres pongamos el foco en que nuestros hijos cambien su comportamiento y que cumplan nuestras expectativas (tiene 5 años, ya debería hacer su cama; tiene 3 años, ya debería dormir sola…).

 

Ahora vamos con la mala noticia (jejeje).

 

La única verdad absoluta en esta vida es que si quieres que algo cambie, debes cambiar tu primero.  Por tanto, si quieres que tu hijo cambie, primero vas a tener que cambiar tú.

 

 

¿Cuántas veces te ves a ti misma gritando a tus hijos para que dejen de gritar? ¿Y chantajeando o amenazando para que hagan algo, y te enfadas como una mona cuando ellos te chantajean o amenazan a ti?

 

Cuando castigas, amenazas, gritas, chantajeas… lo que haces es someter a tus hijos porque estás poniendo distancia emocional y quieres tener poder sobre ellos.

 

Si, puede que te suene mal, incluso te sientas ofendida… lo siento, pero es la verdad. Cuando quieres imponer tu voluntad, aun bajo el paraguas de la “educación”, sólo lo haces para tener el control de la situación, el control de tus hijos y de sus emociones.

 

Y el problema es que acabas desoyendo sus necesidades reales, primarias, básicas.

 

Los niños tienen muchas, muchísimas necesidades, y las tienen todos los días (si, me temo que en la maternidad no hay días libres, fines de semana o vacaciones, somos madres 24/7).

 

Una de las más importantes necesidades de los niños, sobre todo entre los 0 y los 6 años, es la de experimentar, explorar, curiosidad por explorar y superar sus propios límites y dificultades.

 

Pero esto los adultos lo vemos como una afrenta, como una barrera a nuestro ansiado control (me está retando, es que me tiene cogida la medida, con solo 2 años y ya me manipula…).

 

NOOOOOO. Ni te manipula ni te reta. Es su afán descubridor, su mandato interno de exploración y superación el que hace que tu hija o hijo trate de superar los límites (naturales o impuestos).

 

Se nos olvida que tenemos en nuestras manos a los seres más indefensos e inmaduros del reino animal. Unos seres que sólo tienen necesidades y un cerebro a medio formar, que no hacen las cosas por maldad sino porque todavía no tienen recursos para hacerlas de otra manera.

En cambio, tu si tienes esos recursos. Tienes muchísimos recursos dentro de ti que te van a ayudar a ti y a tus hijos.

Algunos tendrás que practicarlos mucho, y otros tendrás que expulsarlos de tu vida ya de ya porque matan, porque hacen daño.

 

Me encanta decir que esto es un entrenamiento de vida, que la crianza de nuestros hijos es un gimnasio donde aprenden habilidades. Y los niños aprenden de lo que ven.

 

Por ejemplo, la tolerancia, el respeto, la empatía… son conceptos absolutamente abstractos e incomprensibles para la mente infantil. Sin embargo, si tú los muestras primero con el ejemplo, aprenderán.

 

Cuando una mamá me dice “Ya, pero es que mi hijo pega”, le contesto “ya, pero es que si tu hijo pudiera anticipar los problemas, resolverlos, razonar, usar la lógica, empatizar… entonces no sería un niño de 3 años.

 

A lo que iba.

 

Si queremos cambiar el comportamiento de nuestros hijos, primero tenemos que trabajar nuestra necesidad de controlar y asegurar la conexión.

 

¿Y cómo aseguramos la conexión?

 

Con empatía, validando las emociones y sentimientos, comprendiendo al niño, mirando a través de sus ojos, poniéndonos a su altura…

 

Eso lleva más trabajo, está claro, pero es infinitamente más beneficioso y saludable tanto para tu hijo como para ti.

 

“uf, yo no tengo tiempo para eso”. Vale, tú decides. Sigue entonces haciendo lo mismo que has hecho hasta ahora… y a ver qué tal.

 

No podemos esperar que las cosas cambien haciendo lo mismo. Si quieres un cambio, cambia primero tu, y el resto vendrá solo.

 

 

Una cosa te quiero decir: La información no es capacitación. Esto significa que el hecho de ver vídeos, leer los artículos de este blog, o leer tropecientos libros sobre crianza, no van a hacer que sepas realmente criar con respeto.

 

Lamentablemente nos convertimos en madres (y padres) cargados con una mochila inmensa de crianzas autoritarias, de consejos sobre cómo meter en vereda a los niños, de educaciones basadas en gritos, obediencia ciega y castigos.

 

Así que no es fácil desaprender todo eso, y llenar la mochila de herramientas educativas respetuosas.

 

Pero se puede. Eso sí, si cada vez que te equivocas (porque has gritado, por ejemplo, después de estar esforzándote en esto de la crianza respetuosa, y estás tratando de aplicar todo lo que lees) te culpas, te flagelas, hiperventilas… nooooooo. Somos humanas y nos equivocaremos mil veces. ¡Pero estamos aquí para aprender!

 

Grábate esto a fuego: lo que el adulto hace, prácticamente determina lo que viene después (sobre todo en primera infancia).

 

Pues ya lo sabes. La mayoría de las veces los niños no se portan mal, se portan como un niño normal de 3, 4 o 6 años. Son comportamientos de quien no tiene desarrollo cerebral, de quien no tiene habilidades, no tiene capacidad de controlar su estrés, no tiene recursos a los que recurrir cuando se enfada o se frustra.

 

La crianza respetuosa es una crianza a largo plazo. Pero hay obstáculos en el camino…

 

¿Y cuáles crees que son los principales obstáculos para lograr el cambio?

 

La urgencia

La urgencia es una trampa mortal en la educación, cuando en realidad, no hay nada tan urgente en la educación que suponga aceptable hacer daño (físico o emocional) al niño.

 

Los niños están construyéndose desde que nacen, y hasta los 6 años aproximadamente, sólo hay procesos, no resultados. Estos vendrán después. Por eso no podemos esperar que aplicando una técnica de crianza, obtengamos un resultado concreto (por ejemplo, si validas una rabieta, dejará de tenerlas). Esto no funciona así, el ser humano no funciona así.

 

 

Durante los primeros 6 años, estamos en proceso de aprendizaje, los adultos enseñamos habilidades de vida que luego serán útiles a los niños. Pero no de forma inmediata. Enseñamos colaboración, pero no para que colaboren ya de ya. Lo harán pero a su ritmo, no cuando nosotros queramos que lo hagan.

 

Cuando tu peque tenga una rabieta, tengáis un conflicto, o te haya tirado un lego al ojo, lo más probable es que tu cerebro racional se anule, y la amígdala te secuestre, dejando al aire tu cerebro emocional. Cuando esto ocurre, no podemos razonar, ni dialogar, ni empatizar. Lo normal es que en ese estado pierdas por completo los nervios, y acabes gritando (o cosas peores).

 

La clave es no actuar bajo un secuestro emocional. Habla lo menos posible y espera a que la situación se enfríe. No quieras resolver la situación sobre la marcha y ten claro que no es una emergencia.

 

Mi consejo es que no intentes educar “en caliente” justo cuando tu cerebro te está engañando diciéndote que tu hijo es tu enemigo.

 

Tomárnoslo como algo personal.

Recuerda, lo que le pasa a tu hijo se llama proceso de construcción humana, y los niños piden ayuda de la única manera que saben. Y esa manera suele ser con llanto, con negativas, con imposiciones… sin embargo, en esa situación, no necesitan jueces ni fiscales. Necesitan a alguien que comprenda su naturaleza y les ayude desde el amor y la empatía.

Y ese alguien eres tú.

Parar un comportamiento no es suficiente para desarrollar habilidades socio-emocionales, para construirse como ser humano, para aprender a resolver problemas de forma diferente a pegar, gritar, o tirar objetos.

¿Qué tiene que recibir un niño para resolver los problemas de forma respetuosa?

Amor, empatía, afecto, validar sus emociones, ejemplo…

Y si, luego educaremos, por supuesto. Ya sabes que no somos partidarios de dejar que hagan lo que les de la gana.

Y lo haremos estableciendo límites, acompañando con alternativas, llegando a acuerdos, enfocándonos en soluciones…

 

Pero todo eso os lo contaré en otro artículo.

 

Hasta entonces, te dejo con esta cita de Teresa de Calcula que me encanta:

“No te preocupes si tus hijos no te escuchan. Te están mirando todo el tiempo”.

 

¿Y tu? ¿Te sientes identificada con algo de lo que te he contado aquí?

 

Espero que te haya gustado el artículo. Si es así me encantaría que me dejes un comentario. Y si no estás de acuerdo, también me encantaría que me lo digas!!!!!!!

 

Con cariño,

Laura

 

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